África subsahariana sigue siendo la región más
afectada, con unos 25,4 millones de portadores del virus. Pero el
avance del sida es más rápido en las demás regiones excepto
Norteamérica. En los dos últimos años, los infectados han subido el
44,7% en Asia oriental, el 40% en Europa del este y Asia central, el
25,6% en África del norte y Oriente Próximo... frente al 4% en
África subsahariana. Así, la proporción de infectados que viven en
esta última zona ha ido bajando de casi el 90% hace diez años a
menos de dos tercios hoy. Pese a ello, la prevalencia del virus aún
registra el máximo en África subsahariana: 7,4% de los adultos, muy
por encima del Caribe (2,3%) y Europa del este y Asia central
(0,8%). Las demás zonas están entre el 0,1% y el 0,6%.
Las mujeres son el 47% de los infectados en el
mundo (48% hace dos años). Pero esta media se debe sobre todo al
África subsahariana (57%) y, en menor medida, al Caribe (49%) y al
África del norte y Oriente Próximo (48%). En las demás regiones, el
sida es una enfermedad predominantemente masculina, con un 20-36% de
mujeres.
ONUSIDA advierte que, por ser las mujeres más
vulnerables a la infección, para frenar el sida hace falta
prestarles mayor atención. En las zonas con mayor prevalencia
femenina, la discriminación y la pobreza hace estragos de manera
especial entre las jóvenes, que se ven abocadas a la prostitución o
son dadas en matrimonio a hombres mayores y con frecuencia
promiscuos. Por ejemplo, en África subsahariana la gran mayoría
(76%) de las personas de 15-24 años infectadas son chicas.
El “ABC” del sida
En medio del desastre africano, Uganda sobresale
por su éxito en frenar la epidemia (cfr. servicios
50/03 y
171/03). Este país ha logrado bajar la tasa de infectados del
15% de los adultos en 1991 al 4,1% en 2003. La clave está en la
estrategia ABC (Abstain, Be faithful, use Condoms): continencia en
los jóvenes, fidelidad de los adultos, preservativos si lo anterior
no funciona, pero advirtiendo que pueden fallar. La campaña ugandesa
muestra que es posible cambiar los comportamientos para que la gente
evite el riesgo de contraer el virus.
Al éxito de Uganda se refiere un manifiesto
internacional en apoyo de la estrategia ABC, publicado en la revista
médica “The Lancet” (27-11-2004). El texto advierte que es obligado
“ofrecer a la gente la información más exacta posible de que se
disponga sobre cómo evitar el VIH, así como estimular cambios en las
costumbres para reducir la difusión del virus”. Pero, añade, las
fuertes discrepancias en torno al modo de prevenir la transmisión
sexual del sida perjudican los esfuerzos para combatirla. Por eso
insta a la comunidad internacional a “unirse en torno a una
perspectiva completa, basada en datos comprobados”, entre ellos la
eficacia del sistema ABC.
Según el manifiesto, los tres elementos del ABC
pueden contribuir a reducir la epidemia. Ahora bien, no todo
programa tiene que promoverlos todos: cada organización de lucha
contra el sida puede centrarse en el elemento o los elementos que
considere más apropiados. Además, hay que dosificarlos de distintas
maneras, según los casos. Con los jóvenes, “si no han iniciado la
actividad sexual, la primera prioridad ha de ser alentar la
continencia” (A); en caso contrario, “la manera más eficaz de evitar
la infección es volver a la continencia o mantener la fidelidad
mutua entre personas no infectadas” (B). Si esto no basta, se puede
promover el preservativo (C), informando a los jóvenes de que reduce
el riesgo de infección en un 80-90%, a condición de que se use bien
y en todos los casos, y previniéndoles contra las consecuencias del
uso incorrecto o esporádico.
“Con los adultos sexualmente activos, la primera
prioridad ha de ser promover la fidelidad mutua entre personas no
infectadas”; el preservativo es un último recurso. Con personas en
peligro grave (por prostitución, relaciones homosexuales...), “la
primera prioridad ha de ser promover el uso correcto y constante del
preservativo, junto con otros enfoques como evitar conductas o
parejas de alto riesgo”.
El consenso que propone el manifiesto incluye
otros tres principios. El primero es que los programas de prevención
cuenten con las organizaciones locales y respeten los derechos
humanos. El otro es buscar la cooperación de instituciones
religiosas y civiles, que pueden promover eficazmente cambios en la
conducta sexual. Se afirma además que los padres deben ser apoyados
en la comunicación de sus valores y expectativas sobre conducta
sexual.
Al consenso se han adherido 140 personalidades de
36 países, africanos en buena parte. Entre ellas, 50 son del ámbito
universitario, 20 de entidades religiosas (como el arzobispo
anglicano Desmond Tutu, de Suráfrica) y cinco de organismos de la
ONU, como la OMS o el Fondo de Población. Hay también políticos,
entre ellos el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, y directivos
de programas nacionales para la lucha contra el sida.
Uno de los firmantes es el Dr. Jokin de Irala,
profesor de Medicina Preventiva y salud Pública en la Universidad de
Navarra, que ha comentado: “Es hora de abandonar argumentos
simplistas y falsamente paternalistas que han decidido que 'no es
realista plantear la abstinencia o la fidelidad a los jóvenes' como
si la sexualidad y la promiscuidad fueran 'inevitables' en sus
vidas. Parece como si en algunos países, incluido en España, hubiera
miedo de hablar de A o de B”. El Dr. Irala afirma que, si bien no
comparte totalmente el enfoque del consenso –por ejemplo porque
también con las personas en peligro grave citadas antes habría que
dar prioridad a A y a B antes de acudir a C–, “es un hito en la
historia de la prevención del sida que se reconozca oficialmente que
la labor de muchas organizaciones que enseñan el valor de la espera
y la fidelidad es primordial en la lucha contra esta epidemia”.